
Bibis es solo uno de los innumerables apodos que le pusimos a nuestra primera mascota desde su llegada el 10 de junio de 2010.
Es curioso porque dejamos de contarlos alrededor del 2020 cuando en un papel escribimos aproximadamente 57 apodos.
Supongo que tantos sobrenombres representan un poco la cantidad de atención y cariño que esta familia le tuvo a esa perra.
Ella siempre fue una perra muy independiente y usualmente con estándares muy altos.
Solo comida de humano, ¡ok!
Concentrado… solo cuando se quedaba con hambre, aunque a veces prefiriera no comer.
Con eso de los estándares altos, quiero hacer un paréntesis porque cuando se trataba de cuzquearle a otros perros, la Bibis no era para nada exigente; se podía convertir en la perra más «bellaca» de este mundo, capaz de olerse el rabo con los perros callejeros más viejitos, sucios y feos del barrio.
Prueba de esto fue el día en que por un descuido mío y de mi papá, la Bibis se quedó afuera por tres horas.
No parece mucho tiempo, pero tres horas le fueron suficientes para regresar llena de ramas y apestando a orina perteneciente al «alebrije» de la vecina.
Ahahaha perro pendejo, ni nos íbamos a quejar con su dueño e igual desapareció a las dos semanas.
Sabrá Dios qué pasó con él.
El punto es que de ese descuido nacieron 5 crías (el día de mi cumpleaños) de las cuales ninguna sobrevivió.

Cuando el último murió, ella se quedó buscándolo desesperadamente un par de horas. Cuando al fin se calmó, la bañamos y se quedó dormida profundamente hasta el siguiente día.
Es increíble lo cansada que estaba; aun dándole todos los cuidados necesarios, esa perra se deterioró muchísimo en tan solo día y medio.
No puedo imaginar cómo una perra puede tener a sus perritos en la calle.
Frío, hambre, humanos inconscientes, algunos realmente malos; la lista no termina.
Lo que más amaba en este mundo era salir a caminar a lugares con grama donde pudiera andar libremente sin su correa. Si había otro perro con quien interactuar, eso ya era un plus; cuanto más sucio y viejo el perro, mejor.
Recuerdo bien el día en que más distancia caminó en su vida: caminamos de mi casa a San Francisco, luego a San Felipe y de regreso a casa. Era joven, tenía 6 años y no estaba tan gorda.
Solo recuerdo que en el regreso hubo un momento en el que paró, ya no caminó y se sentó; fue como si quisiera decirme: «alv… te pelas mano.» La cargué por unos 400 mts aproximadamente, luego siguió caminando hasta llegar a la casa.
¡Qué rápido se durmió ese día, jaja!
Ella tenía aguante; sin ser de raza y sin haber vivido en la calle, aguantó muy buenos retos. Desde caídas de 1 metro de altura, hasta mordidas de otras perras, incluso infecciones y enfermedades como giardia y piometra cerrada, ¡ah!, y sordera…
No le gustaban los niños ni los cachorritos. Cuando Marcelo llegó a su vida, tuvieron que pasar meses para que le permitiera estar cerca de él. Creo que lo aceptó en el momento en que se dio cuenta de que estar cerca de él le traía beneficios. Como él era el pequeño y el malcriado, en lugar de esperar a que le diéramos un poco de comida, él ladraba exigiéndola sin pena. Es por eso que, a partir de ese momento, la Bibis comenzó a ponerse súper gorda.

Llegó a pesar casi ¡25 LIBRAS!
Además del pollo y la carne, le encantaban las lichas y el coco.
Cada vez que mi papá partía cocos, ella siempre parecía dispuesta a morir por él.
Acercaba su cabeza tanto que parecía meterse en el rango de movimiento entre el machete y el coco.
Qué impresionante era la forma en que se emocionaba por la comida, pero más impresionante aún era la forma en la que se emocionaba al ver al fucking «Tomás.»
Créanme que, de haber tenido la oportunidad de escaparse con él, ella jamás lo hubiera pensado dos veces.
Lamentablemente, nunca se dio su tan ansiado encuentro intimo con ese perro simplemente porque no la dejamos.
Ella no estaba castrada, su edad y su peso indicaban que, de castrarla, ella probablemente ya no iba a despertar.
Así que no la arriesgamos.
El tiempo pasó y, para su sorpresa, Marcelo que estaba castrado desde su 5to mes de vida, «despertó.»
Algo pasó entre sus miserias y su cerebro que esa manguerita se convirtió en una manguerota lista para detonar a la Bibis.
Ya habían pasado años intentándolo y, de la noche a la mañana, ese perro logró cumplirle como macho. ¡Qué felices estaban!
Las veces que me despertó en la madrugada por estar jugando mordiendo mi mano fueron solo los primeros dos años.
Me hubiera gustado que al menos me hubiera dejado una buena cicatriz en el brazo o un colmillo en el dedo. Algo así como siempre sucede con los gatos.
Pero no importa ya, con tantos recuerdos, fotos y videos, me basta.
Eso es un poco de la versión energética de mi Bibis.
La versión envejecida y enferma requería mucha más paciencia y tiempo.
Ya no caminaba igual, su lesión de rodilla la hizo mucho más lenta y aunque aún tuviera ganas de caminar, eso claramente le afectaba.
El día en que perdió la visión de su otro ojo, no supo qué hacer; a ella ya se le aplicaban gotas en los ojos para controlar la presión, pero ni eso ni las pastillas que ya tomaba fueron suficientes para evitar que ambos cristalinos se le desprendieran.
Pastillas cada 12 horas, incontables viajes al veterinario, mantenerla en tu campo visual para saber dónde estaba y que no se lastimara o cayera de las gradas. Esas son muchas de las cosas que había que hacer con ella para que estuviera tranquila, y aunque era cansado, siempre agradecí a Dios por darme la dicha de estar presente para ella.
Supe que su existencia ya no era agradable para sí misma en el momento en que dejó de comer, y aunque tal vez hubiera podido sanar de ese grave problema intestinal por un tiempo, nada iba a frenar el horrible dolor y problema que se le acercaba con ese color tan transparente en la orina, las verrugas y los tumores en sus mamas que poco a poco se hacían evidentes.
Y aunque la vamos a extrañar muchísimo, entendemos que amar, también es priorizar el bienestar de tu mascota aunque eso ya no nos incluya.
El día miércoles, luego de más de 15 años y casi dos meses con nosotros, Mi Niña se durmió en nuestros brazos, llena de besos y palabras bonitas, junto a sus dos amos que siempre la amaron y estuvieron para ella.
Amé y cuidé a las diferentes versiones de esta perra, tanto a su versión sana y energética como a su versión enferma, viejita y temerosa por la ceguera.
Siempre tomen la decisión más difícil. Es lo correcto. Siempre es mejor evitarle el máximo sufrimiento y malestar posible a tu mascota.
Esto no es un lugar para expresar cómo me sentí con su partida. Solo es un lugar donde quise inmortalizar un poco la maravillosa experiencia que fue vivir con mi primera mascota.
Mi Niña. Mi Pichis. Mi Bibis.

Hay tantos recuerdos que tengo de ella, momentos que vivimos entre el pasto, familia, perritos y diferentes lugares, pero no quiero extender más este texto.
Siempre la voy a amar y estoy seguro que ella a mí, a mi hermana y a mi familia también.